Del montaje de la memoria a las versiones de la historia

Claudia Cattaneo, Doctora (c) en Artes, Pontificia Universidad Católica de Chile

Nada debe impedir la recuperación de la memoria (…) Cuando los acontecimientos vividos por el individuo o por el grupo son de naturaleza excepcional o trágica, tal derecho se convierte en un deber: el de acordarse, el de testimoniar. (…) Así (se) restablece a los desaparecidos en su dignidad humana. La vida ha sucumbido ante la muerte, pero la memoria sale victoriosa en su combate contra la nada. (Tzvetan Todorov, La memoria amenazada)

Un pueblo que continúa votando sin memoria. Un país que se muestra indolente y atrapado en la ignorancia que los medios de comunicación propagan como la peste. Ciudadanos enfurecidos con las marchas y que piden a gritos que vuelvan los militares a las calles. Niños organizando bingos para poder estudiar. Mujeres asesinadas. Mujeres consideradas feminazis por defender sus derechos. Un Ministro converso de cuatro días. Un presidente imputado y payaso que declara que Chile posee dos versiones de la historia. Un país sin cultura y sin memoria. Un país deprimido hasta el infinito, medicado, embrutecido, ciego, sordo y mudo.

Tal vez ya me he adormecido, tal vez, desde que fue electo Sebastián Piñera, anticipé el panorama que se nos veía venir. Pues, no me sorprenden en absoluto los dichos del ya ex Ministro Mauricio Rojas, ni la rabia contenida del discursillo de Piñera, pues ambos reflejan la inamovible y obtusa ideología de la derecha chilena que ha negado sistemáticamente el horror. ¿Qué más se puede esperar?

Lo que me asombra y aterra, lo que me quita el sueño y entristece es que aun en Chile se crea fervientemente en el mito del país desarrollado que ha superado con éxito los avatares de la historia, que las revoluciones se logran pidiendo permiso para protestar, que los cómplices del dictador aboguen por los derechos humanos de los criminales de Punta Peuco mientras nos quedamos observando, que no seamos capaces de vernos el ombligo ni por un instante para reconocer que hemos fracasado como sociedad, como humanidad. Llevamos la marca de la colonización y la reproducimos, portamos en el alma las huellas de la dictadura y las justificamos. Vivimos del recuerdo del país que fue y anhelamos el que pudo ser, estancados en retoricas añejas, en el pánico al caos, en la ambición desmedida (¿cuándo no lo es?), en binarismos caducos que distraen las conciencias.

La memoria amenazada por la mano negra del poder, renace en las declaraciones de Rojas, causando revuelo en varios sectores del país. Sus dichos son inaceptables, violentos, insultantes, ignorantes, indignos, pues niegan la historia y sabemos que “―¡Un pueblo sin historia (leed: sin documentos históricos o sin historiografía) es como si no existiera!”[1]. Sin embargo, ha pasado más o menos desapercibido el discurso de Piñera anunciando que “acepta” la renuncia del Ministro, discurso que agrava la falta, socavando y ultrajando nuestra memoria. Pues, no existen dos versiones que respetar, no se trata de puntos de vista diversos de un mismo crimen, no se crea un Museo de la Memoria para preservar una versión de ésta, no se profanan las almas de las miles de víctimas desconociendo los testimonios y evidencias de los crímenes de lesa humanidad cometidos por el dictador y sus secuaces.

“¿Por qué se debilitó la democracia, el estado de derecho en nuestro país? (…) ¿Por qué se legitimó el uso de la violencia en el ejercicio de nuestra democracia?”, se pregunta el presidente[2]. Sus preguntas ofensivas que justifican soterradamente la dictadura, no solo atentan contra la memoria y los derechos humanos, la justicia y la verdad (pues aquí hay una única verdad: se torturó, asesinó, desapareció y exilió), sino, contra la historia misma de la Nación, remeciendo la tierra de cada rincón de nuestro territorio para que se alcen los fantasmas de aquellos que no han sido encontrados y nos pasen la cuenta de la deuda sin saldar[3].

Recordemos que un solo hombre asesinado o vejado en sus derechos es un crimen contra toda la humanidad y estamos ciertos que no existe nada que justifique la tortura, la violación, la desaparición forzada, bajo ningún punto de vista. Preservar la memoria viva de cada episodio de la dictadura nos permite, como dice Torodov, otorgar dignidad a las víctimas. La agresión denigradora que representa el discurso de Piñera, denota una ruptura, no solo del cuerpo social de nuestro país, sino de la coexistencia que él mismo reclama, puesto que, lo que realmente está roto es la verdad y la posibilidad de un intercambio dialogal entre víctimas y victimarios. “El cuerpo roto, mutilado, desaparecido es un vacío que no se puede llenar. Ese vacío es la expresión de la ausencia de la verdad. Y no puede ser cubierto por la mentira.”[4] Pues, borrar el cuerpo es una utopía que se hace evidente por medio de la memoria.

“Los atropellos que ocurren hoy día en muchos países del mundo incluyendo algunos de  nuestro propio continente, como es el caso de Cuba, Venezuela y Nicaragua”. (Piñera, 13 de agosto de 2018). ¿Cuba, Venezuela y Nicaragua? Curiosa elección para un discurso que pretende afirmar el respeto por la diversidad de pensamiento. Curiosa selección que deja en evidencia la tendencia fascista que avala las invasiones imperialistas y recuerdan el espaldarazo del dictador a los usurpadores de las Malvinas.

Sin embargo, me parece interesante que se develen los verdaderos rostros del actual gobierno, que se caigan tan fácilmente sus máscaras neutras y broten las verdaderas intenciones. El discurso furioso de Piñera derrumba el montaje partidista que pretende hacernos creer que su tolerancia es democrática, que las palabras no tienen peso alguno, que cualquier torturador puede dictar cátedras sobre justicia, verdad, reconciliación y derechos humanos.

Creo firmemente que un pueblo no puede continuar su camino hacia el futuro sin fijar la mirada en su pasado para aprender de él y que ese caminar debe estar libre de la mentira y el ocultamiento para que, ya sin el pus que guarda la herida sin sanar, pueda efectivamente avanzar con la frente en alto. Debemos ser la vocecita irritante en el oído de nuestra Nación. El maquillaje trasnochado de sus discursos está siendo lavado … porque la verdad es poderosa, porque la justicia tarda pero llega.  Somos miles los que no olvidamos y no los dejaremos olvidar jamás.

 

[1] Mircea Eliade, Mito y realidad, Madrid, Editorial labor, 1991.

[2] Véase respuesta de Sebastián Piñera a la renuncia del Ministro Mauricio Rojas, 13 de agosto de 2018, http://www.t13.cl/noticia/politica/video-pinera-y-salida-rojas-es-bueno-preguntarnos-se-debilito-estado-derecho

[3] Slavoj Zizek, El sublime objeto de la ideología, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2003.

[4] Vìctor Viviescas, “La escritura fragmentaria y el testimonio de la desaparición en la escritura dramática colombiana” en Beatriz J. Rizk; Nelsy Echávez-Solano, Paradigmas recientes en las artes escénicas latinas y latinoamericanas, Homenaje al Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami, Ediciones Universal, 2010.

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