Las distinciones, el feminismo y Mayol

Alejandra Castillo

Me llamó la atención la ausencia de referencias al feminismo en el relato historiográfico político del libro Frente Amplio en el momento cero, de Alberto Mayol y Andrés Cabrera[1]. Salvo una mención muy marginal, sin desarrollo ni argumentación, en la que se asocia la agenda feminista a temas valóricos, el feminismo no existe para Mayol y Cabrera.

Debo admitir que esta ausencia me llamó más la atención que la majadera nominación en tercera persona de uno de sus autores. La ausencia del feminismo se aprecia en cómo se narra la conformación de la política del Frente Amplio, en la omisión de la participación política de mujeres y en la decisión de admitir sólo como referentes intelectuales a hombres. Desde la perspectiva de los autores, el Frente Amplio es una transformación de la política de izquierda que se distancia de la política de los consensos que caracterizó a los gobiernos de la Concertación y de la Nueva Mayoría. Desde mi perspectiva, en sus silencios y cegueras, el libro no es más que la renovación de un relato de regeneración de nuevos cuadros masculinos para el espacio de una política de izquierda androcéntrica.

Y no dejan de ser sintomáticos estos silencios y cegueras en el libro toda vez que en parte la narración de éste se debe a los inesperados resultados de las elecciones del año recién pasado. Elecciones que si bien instalan en el Palacio de la Moneda a un gobierno de derecha, dejan en términos parlamentarios y de consejos regionales resultados más que satisfactorios para el Frente Amplio. Así, los autores dejan ver esta satisfacción en la fórmula repetida más de una vez a lo largo del libro: 20% + 20 + (1+19). Esta abreviación numérica indica el 20% de la votación obtenida por Beatriz Sánchez en primera vuelta, la elección de 20 diputados, 1 senador y 19 CORES[2].

El relato se estructura en dos hitos temporales: el año 2011, año acontecimiento con la emergencia del movimiento estudiantil y sus nuevos liderazgos políticos; y el año 2017, año “cero” que reestructura los procesos políticos y sociales a partir de las elecciones del 19 de noviembre. La tesis declarada del libro se describe en el concepto de “acontecimiento” tomado del filósofo francés Alain Badiou[3]. El acontecimiento será definido por los autores como la “inauguración de un régimen de verdad, pues se presenta al mundo con él mismo como único antecedente”[4]. El acontecimiento es la emergencia de la protesta estudiantil del año 2011.

En este relato la aparición de la candidatura presidencial de Beatriz Sánchez es una estrategia que los autores nombran como “Sin Sajo”. Estrategia que no consiste en otra cosa que en poner a circular un rostro mediático, atractivo al gran público. Pero, cabe preguntar, ¿por qué Beatriz Sánchez resultó ser un rostro atractivo para el electorado? ¿Cuál es el sobreentendido que presupone el éxito de esta estrategia? ¿Las mujeres que tienen una figuración destacada en los medios de comunicación se vuelven políticamente relevantes solo por tener una presencia preeminente en las comunicaciones? O, como alguna vez dijera el columnista de El Mercurio y abogado Carlos Peña, Beatriz Sánchez tiene entre sus cualidades ser cercana, comunicativa y empática. ¿Acaso esta descripción no recuerda a los modos en que fue descrita profusamente Michelle Bachelet durante su primer gobierno? De cierto modo el presupuesto omitido de la estrategia “Sin Sajo” es Michelle Bachelet. Una mujer Presidenta de la República es posible, no una, sino dos veces: he ahí la posibilidad de éxito de la estrategia “Sin Sajo”.

Sin embargo, este dato no es relevante como tampoco es relevante Beatriz Sánchez. Menos relevante es la declaración de Sánchez durante su campaña presidencial en la que indicaba que su gobierno sería “feminista”. Declaración que no causó poca polémica entre políticas y feministas de uno y otro lado del espectro político de izquierda. ¿No habíamos oído antes la consigna del “primer gobierno feminista” de boca de Michelle Bachelet? ¿Cómo podría ser el primer gobierno feminista si la misma figura de la candidata parecía tutelada por los liderazgos de Boric y Jackson? Más allá de las polémicas, la afirmación de Beatriz Sánchez intentaba tensionar la “gran política” no sólo con la agenda del feminismo afirmativo —que ya conocíamos con los gobiernos de Bachelet—, sino que, avanzando un paso más allá de las políticas de reconocimiento, intentaba poner en escena un feminismo que buscaba pensarse a sí mismo desde las problemáticas de la redistribución —pensemos en los temas de la jubilación, las AFP y el trabajo a honorarios.

El “acontecimiento y año cero” de Mayol y Cabrera no registra de ninguna manera que entre el año 2011 y el 2017 se han venido conformando Frentes feministas en diversos partidos y organizaciones del Frente Amplio. Actividad política territorial que ha dado lugar a una agitada agenda de publicaciones (boletines, revistas feministas), asociada a la organización de escuelas de formación feministas. De igual modo, pasa del todo inadvertido para los autores la recuperación por parte del feminismo del Frente Amplio de la política de Julieta Kirkwood. Cabe destacar que esta recuperación fue, por el contrario, advertida por algunas políticas de la Nueva Mayoría que, sin pensárselo demasiado —y quizás de un modo irreflexivo—, se precipitaron a conformar la bancada parlamentaria feminista Julieta Kirkwood.

Pero, todo esto no es parte del “acontecimiento”, ni del año “cero” del Frente Amplio, según Mayol y Cabrera. ¿Por qué? Una respuesta sencilla sería afirmar que el relato de Mayol y Cabrera se presenta como continuación inadvertida del viejo relato androcéntrico de la política de izquierda. De ser cierta esta aseveración, cabría preguntarse por qué no han “entendido nada”. Otra respuesta posible —en verdad, una variación— es la que da el propio Mayol en una entrevista concedida recientemente a La Segunda, a propósito de la movilización feminista que está tomando lugar a lo largo de todo el país[5]. En esta entrevista Mayol recurre a la clásica distinción entre lo social y lo cultural. El feminismo que tendría lugar hoy no sería realmente “político”, como sí lo fue el estallido del 2011. La razón de aquello estaría en que este estallido feminista tendría escasa vinculación con las políticas públicas, no se estructuraría en un conjunto de demandas concretas y su signo político sería ambiguo —bien podría ser de izquierda o de derecha. En otras palabras, este feminismo sería “meramente” cultural, al no abordar realmente los problemas de la política y, por ello, es de pensar que no sería de izquierda al no presentar un frente clasista como sujeto de interpelación política.

El contexto de aparición y reacción de este feminismo sería otro, el de la Iglesia Católica: “El movimiento probablemente más relevante en la disputa de largo plazo al poder de la iglesia católica es el feminista. Cuestiona uno de sus elementos fundacionales, el patriarcal”[6]. Habría que hacer notar a Mayol que el patriarcado moderno dice de un orden de dominio que se organiza paralelamente al contrato social en la figura del contrato sexual, toma las formas de la familia sentimental, de la madre cívica y del amor romántico. Este segundo contrato, silente pero efectivo, cuenta como presupuesto la distinción de la esfera pública masculina y la esfera privada doméstica femenina. Esta distinción cuenta a su vez con la naturalización de la diferencia sexual. Este contrato y estas distinciones permiten la consolidación de un orden económico capitalista y su reproducción: las mujeres debido a su “naturaleza” deberían encargarse del amor y el cuidado. Es en este punto donde cuerpo, trabajo e instituciones se tocan y es en este punto donde el feminismo emerge para interrumpir ese orden de dominación. Visto desde esta perspectiva, desde la perspectiva feminista, la clásica distinción entre lo social y lo cultural propuesta por Mayol no tiene ningún sentido.

Atrapados en esta distinción clásica de la izquierda tradicional, reproductores de un relato androcéntrico de la política y de las luchas sociales, Mayol y Cabrera no son capaces de ver la fuerza de la articulación política feminista al interior del Frente Amplio. Al contrario, cegados por una política que invisibiliza las luchas feministas, desestiman la acción de las mujeres considerándola meramente cultural, no política y en última instancia irrelevante.

[1] Alberto Mayol y Andrés Cabrera, Frente Amplio en el momento cero. Desde el acontecimiento de 2011 hasta su irrupción electoral en 2017, Santiago de Chile, Catalonia, 2017.

[2] Ibíd., p. 76.

[3] No me detendré aquí, por el formato de esta columna, en la precisión o imprecisión filosófica con que este concepto es abordado en el libro.

[4] Alberto Mayol y Andrés Cabrera, Frente Amplio en el momento cero, op. cit., p. 21.

[5]Claudio Salinas y René González, “Guzman y Mayol frente a la movilización femenina: ‘Está lleno de pavor masculino’”, La Segunda, Santiago de Chile, martes 22 de mayo, 2018, p.  9.

[6] Ibíd., p. 9.

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