Materiales para impensar la universidad interrumpiendo el androcentrismo: III Filosofía

La filosofía suele ser un campo separatista aunque este hecho pase desapercibido. Sus genealogías, nombres y presencias recrean un orden androcéntrico. ¿Cómo crees que es necesario modificar la formación de la filosofía en miras de intervenir el signo androcéntrico que promueve?

Karen Glavic, Doctora (c) Filosofía, Universidad de Chile.

Para mí el feminismo en la filosofía se ha tratado siempre de las preguntas. Y con esto pienso en dos sentidos: tanto las que podamos hacerle a la filosofía, como las que podamos hacer desde la filosofía. No me parece que debamos a priori renunciar a la lectura de ningún texto o autor, sino que, por el contario, demandarlos e interpelarlos en el debate. Como bien señala tu pregunta, es cierto que la filosofía recrea un orden androcéntrico aún en la actualidad. No es necesario pensar en el lugar de la mujer en la Antigüedad y los textos clásicos, escolásticos o modernos para evocar la exclusión de la mujer como «sujeto» del discurso, la subordinación de sus capacidades o la ausencia de “sus” tópicos.

Yo separaría las acciones a partir de, al menos, dos previsiones, y esto de nuevo nos trae la premisa inicial: las preguntas. Haría la distinción entre lo genérico-sexual (la mujer) y el feminismo. Si bien podríamos estar tentados a unirlos, la ecuación no es automática. Pienso en esto, sobre todo porque lo que me sugiere tu pregunta por el “separatismo” es que la voz masculina no ha estado equiparada a la femenina en cuanto a la presencia, es decir, la filosofía es terreno de varones. Hay medidas afirmativas que pueden ayudar a paliar el problema, promover e incentivar el desarrollo de la investigación en mujeres, el establecimiento de cuotas en la admisión a las carreras de filosofía, y también la mayor contratación de mujeres en las universidades (siguen existiendo espacios en los que estamos absolutamente subrepresentadas o directamente no hay mujeres). Eso es un hecho. Pero tal como tú misma señalas en alguno de tus textos, hay que mantener instalada también la sospecha sobre la confianza en la “ley del número”: una mayor cantidad de mujeres no asegura por sí misma, la inclusión, debate o siquiera la reflexión de tópicos que pudiéramos leer en los bordes, o como fracturas del orden androcéntrico. Son medidas de mejora sobre las formas de representación en que hoy concebimos la igualdad y la democracia, pero esto no necesariamente desordena las piezas de un orden androcéntrico en términos filosóficos. Es necesario introducir preguntas feministas, y a esta tarea puede darse cualquiera que quiera llevarla adelante, y esté dispuesto a desestabilizar no solo los saberes que quiere transmitir, sino que también su propio cuerpo en la transmisión. Que interrogue las maneras en que habitamos los espacios de elaboración del conocimiento, y también su propio lugar en el orden androcéntrico. Por eso a mí me parecen poco relevantes y a la vez algo estériles las impugnaciones sobre los corpus teóricos “muy masculinos”, por ejemplo. Me ha ocurrido discutiendo en mesas de filosofía y feminismo, que he sido interpelada por leer a Derrida, que fue un varón, o Butler, por tener una filiación teórica masculina o “muy hegeliana” (que sería el extremo de lo masculino o machista); pero la pregunta allí, es cuanto esos autores -y yo misma- son capaces de tensionar las nociones que permiten que el orden androcéntrico se siga reproduciendo. Con la filosofía contemporánea incluso puede ser más fácil encontrar temas que identifiquemos rápidamente con el feminismo. La deconstrucción es un vocablo de uso común por estos días, hemos conocido operaciones de feminización, y “devenires-mujer”, que hablan de que la filosofía acusó recibo de sus aspectos más totalizantes en términos genéricos, pero que también nos ponen ante otras preguntas: ¿La filosofía contemporánea dejó de ser terreno de varones por incluir estos tópicos? ¿Esos cuerpos de varones son todos homogéneos? ¿Sus reflexiones coinciden con los de las luchas o teorías feministas? ¿Aportan al feminismo? ¿Desorganizaron el orden androcéntrico? Yo creo que en muchos aspectos sí. Que nos han ayudado a pensar la identidad, la política, la diferencia, la igualdad y la democracia –por nombrar algunos conceptos y problemas- en otros términos.

Quiero pensar que la filosofía no es un corpus ordenado cronológicamente, en donde hay momentos en que obviamente el androcentrismo es la totalidad. Pensar así clausura la discusión y las posibilidades de cuestionarnos. O genera ciertos movimientos maniqueos, en los que nos dedicamos solo a buscar a la mujer (o sus tópicos) en la huella de su ausencia. Por eso la pregunta, y me la juego porque esta es una pregunta feminista, puede apuntar a una interpelación que nos haga pensar cuales son las razones de seguir estudiando hoy ciertos autores y pasajes de sus obras. Si es que aquello se condice con los tiempos que corren, con una época en la que el feminismo demanda, ebulle. No creo que debamos escupir una vez más sobre Hegel (como aquel texto de Carla Lonzi), o “purgar las bibliotecas” sino que pensar cómo esos autores que consideramos canónicos o esenciales en la formación de estudiantes, y en nuestras discusiones, pueden ser interrogados desde el feminismo, y sus límites y potenciales para abrir discusiones. Me parece que en ello la creatividad puede ser infinita, pero para eso debemos partir por asumir que la teoría feminista es parte también de los debates, y que nos abramos todos a convertirla en interlocutora, y dejar de mirarla como un lugar de lo particular. Que es un lugar muy preciso además, porque no es que toda la “teoría masculina” se organice como centro, pero si parece seguir referida a las mujeres, o a la repartición universitaria de los estudios de género. Necesitamos compromiso de la filosofía con el feminismo, y apertura del feminismo para pensar e interrogar la filosofía, sin restarse, disputando la palabra.

 

 

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