Una política de vivas y muertas

Natalia Taccetta. Docente, Argentina

En un breve ensayo de 1921 –“Para una crítica de la violencia”- Walter Benjamin explora la posibilidad de una violencia “por fuera” y “más allá” del derecho, una violencia “pura” que lo depone inaugurando una nueva época histórica. No se trata de punitivismo, sino de una suerte de violencia divina que, en sentido profano, destruye el derecho volviéndolo irreductible a cualquier vínculo exterior, que muestra su ineficacia tal como está, que exige criticar la violencia institucionalizada e imaginar estrategias para desnudar la vida. En definitiva, el texto aborda ese vínculo entre vida y derecho que es necesario revisar y discutir hoy como nunca. Especialmente, cuando en poco más de dos meses de 2019 en Argentina ya se registran más de cincuenta femicidios; cuando en pocas semanas este verano el Estado patriarcal obligó a parir a dos niñas impidiéndoles que accedieran a la interrupción legal de embarazos productos de violaciones, después de dilaciones y argucias jurídicas, y catolicismo rancio y secuestrador; cuando el “techo de cristal” goza de buena salud en gran parte del mercado laboral y cuando el cuerpo de las mujeres sigue siendo un campo de batalla en el que parece que cualquiera pueda acomodar sus ejércitos.

La celebración del Día de la Mujer devino en el Paro Internacional Feminista porque no era suficiente recordar las luchas sostenidas y ganadas, sino que hacía falta frenar la máquina biopolítica de producción patriarcal para volver sobre lo (in)evidente.

El paro es un derecho adquirido a fuerza de lucha, sufrimiento y orgullo. Es un respiro, una detención, una pausa, un hiato, una suspensión. Pero también una demanda, un pedido, un reclamo, un grito, un boicot, una acción, una revuelta, una alegría y una idea. Se trata de un llamado de atención pacífico tanto como de un proyecto revolucionario que pretende cambiar la medida y proporción de las cosas. Que quiere inaugurar un régimen de visibilidad de las violencias machistas que no revictimice ni exponga, sino que respete y contenga. Que imagine emancipaciones políticas y humanas posibles en un contexto donde el cuerpo de las mujeres es aún más quebradizo que el que Benjamin imaginaba en el período de entreguerras.

El paro es una potencia que acciona, que consigue, mueve, marea, empuja, pulsiona y desea. Es un llamado a la descomposición del patriarcado en la doble acepción de la palabra: descomponer como dividir en partes para analizar y combatir; descomponer como purgar los horrores de la putrefacción.

El paro es una “crítica de la violencia”. Una crítica al crimen patriarcal y sus epifenómenos; una crítica a la intimidación ejercida por el Estado que desoye y desatiende, que oblitera y esconde, que oculta y deja sin condena. Una crítica del instante en un tiempo de terror que obliga, intimida y tortura.

El paro es también el tiempo del encuentro y la acción colectiva, de la fuerza conjunta y la sororidad. Es el tiempo de la insumisión en el que se oyen los gritos de las militantes tanto como las voces de las sufragistas; de las que lucharon por los derechos laborales a principios de siglo como de las mujeres rusas que exigieron el derecho al voto; de la comunidad LGBTIQ y sus reclamos como de quienes luchan por la legalización del aborto; de quienes militan la Educación Sexual Integral (ESI) en las escuelas como de quienes ponen en evidencia todos los días que no es amor, sino trabajo doméstico no pago, y que no es el embarazo romantizado de una “madraza” con instinto materno, sino el de una niña violada.

El paro es el gesto de una política que sabe que ni las muertas están a salvo si el patriarcado no deja de vencer. Una política que necesita un tiempo nuevo, entre aión y chronos, en el que las muertas vuelvan a la vida con un grito furioso. Contra el “amor” de los neoliberales y la “salvación de la vida” de los autoritarismos reaccionarios, para que vivas y muertas luchen conjuntamente contra el acoso, las violaciones, los femicidios, los transfemicidios, la explotación neoliberal y la violencia machista y estatal ejercida sobre mujeres, lesbianas, travestis y trans.

El paro es el medio y el fin.

El paro es por todes.

#Parofeminista

 

 

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